martes, 7 de diciembre de 2010

Y comienza la historia...

Yo siempre fui una amante de la vida, me gustaba hacer de todo un poco (metafóricamente hablando), tomé cursos de todos los temas que encontré, desde repostería, cerámica, costura, bijouterie, cocina, etc; pasando por artes marciales, ballet, teatro, canto, baile, danzas, etc; hasta basket, voley, natación, etc. Y siempre fui feliz haciendo todo eso, me encantaba estar en el colegio y salir corriendo para llegar a tiempo a una clase, o tener ocupados los sábados para ir a los scouts, o los domingos con alguna actividad extra; esa era mi vida y la amaba, me volvía loca de excitación la idea de un nuevo grupo de amigos, algo nuevo que aprender. Pero dentro de mi universo maravilloso de descubrir nuevos mundos, no todo era perfecto, mi infancia no fue la mar de difícil, pero no fue como hubiera deseado, en fin, luego aprendí que nada es perfecto. Mi mamá siempre estuvo allí, apoyándome, cada vez que le pedía una nueva clase o algo diferente no dudaba en decirme "por supuesto", no me hizo caprichosa, pero me enseñó a disfrutar de cada parte de la vida y a aprovecharla al máximo, pero esa fue la parte "ideal", lo duro fue la relación con mi padre...

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